2024 / Baluarte de los Mártires, Cádiz / Estudio EEBA, Catering "El Faro" ​​​
Introducción
¿Se imaginan estar ante un Cádiz que ya no es Cádiz? ¿Se imaginan ser un fenicio viendo a través del tiempo en lo que se ha convertido la Gadir en que ellos vivieron?
Las siguientes tres ilustraciones son parte del proyecto de remodelación del Baluarte de los Mártires, dirigido por Estudio EEBA, en los meses previos al 60º aniversario de El Faro, abril de 2024.
Con esta obra se agranda el imaginario colectivo sobre los orígenes mitológicos de nuestra ciudad. Sin embargo, se sitúan estos mitos sobre un futuro distópico en el que la ciudad ha cambiado de aspecto de manera trascendental, jugando con la unión entre principio y final. 
Y lo hace para proponer una nueva y esperanzadora Era donde sus nuevas generaciones se abren paso en armonía con el Cosmos (representado a través de los Dioses) y donde “ese algo especialˮ que tiene Cádiz sigue existiendo sin olvidar su historia, la Historia de la Humanidad Gaditana.
1. Astarté ante una Nueva Vida
Sobre el telón de fondo de un atardecer, alineándose Sol y Luna por Poniente, como símbolo de final de los paradigmas actuales, una mujer amamanta a un bebé montados sobre un buey retinto. Tras ellos, una colosal nube emerge sobre el horizonte convirtiéndose en el rostro de Astarté, alumbrada por la luna creciente característica a la que se la ha asociado en su iconografía, bendiciendo con su presencia el surgir de una nueva generación, de una Nueva Humanidad.
Quién mejor que ella para brindar un homenaje a la Mujer y a la Maternidad, procuradora, precursora y sustentadora de vida.
Aunque posteriormente se relacionase con el símbolo de la guerra, esta diosa fenicia fundamentalmente representaba el culto a la madre naturaleza, a la vida y a la fertilidad, así como la exaltación del amor y los placeres carnales.
Astarté, antecesora de su versión cartaginesa Tanit y en cierta manera de la línea evolutiva que termina en la Virgen María, es la forma griega del cananeo Athart y del fenicio Ashtart, ambos de los cuales derivan del acadio Asdartu que hace referencia a la diosa Ishtar. Ishtar se desarrolló a partir de la diosa sumeria Inanna (considerada “madre del cieloˮ) que aparece por escrito desde el cuarto milenio a.C. en adelante pero cuyo culto se entiende que es mucho más antiguo. En la profunda relación entre el pueblo fenicio y Egipto, es influenciada también por Isis, habilitando el enlace entre oriente y occidente. Así mismo, se cree que fue la base de la creación de las diosas griegas Artemisa y Afrodita, la Venus romana y la diosa hurrita Sauska, entre otras.
La escena transcurre en La Caleta en un futuro donde algún cataclismo climático ha dejado semi hundido el Castillo San Sebastián y en ruinas el de Santa Catalina, a los pies del cual se abre paso un conjunto de dunas y vegetación, entre la que se encuentra un solitario acebuche. Ambos castillos se sitúan hoy donde antiguamente pudieron estar el templo de Baal Hammon y Astarté respectivamente. También el nombre actual de estos enclaves mantiene ese carácter binario. Por tanto, me parecía oportuno que la acción transcurriera entre ambos para que esa nueva generación naciera en la integración de ambas energías.
Según el mito de Europa, Zeus se hace pasar por un toro blanco y rapta a Europa secuestrándola en Creta para aparearse con ella. Me parece muy curioso que el nombre del continente al que pertenece la ciudad de Cádiz, se deba al nombre de la hija de un rey fenicio, Agénor y de la reina Telefasa de Tiro.
Pero en realidad, recurrí al buey retinto desprovisto de tales connotaciones mitológicas, con la intención de destacar el valor del ganado que abunda en la provincia de Cádiz, por su belleza y su relevancia en la gastronomía gaditana. Durante el proceso de investigación de este proyecto, tuve la oportunidad de contar con María Ángeles Navarro García, arqueóloga e historiadora que dirige el Yacimiento Arqueológico Gadir, quien me confirmó que existen publicaciones en las que se puede corroborar la existencia de ganado en la Bahía ante de la llegada de los fenicios, estando en estudio a fecha de marzo de 2024 saber si los bóvidos que se encontraron en el yacimiento son autóctonos o importados.
La imagen de la mujer con el bebé y el buey está basada en la formación escultórica integrada en el Monumento a Las Cortes de 1812 situado en la Plaza de España. Se trata de un carro triunfal arrastrado por dos fuertes bueyes, acompañados por un hombre a pie con pantalón corto que representa la pesca, portando la mujer y el bebé que interpreto en este cuadro, por su simbolismo junto a Ceres, diosa romana de la agricultura, del crecimiento de las plantas y de las buenas cosechas.
Entre las rocas, se encuentra una garza blanca presenciando la escena, símbolo de pureza y transición, como mensajera de los Dioses.
2. Melkart/Hércules portando Luz al Faro
Hércules es la deidad homónima con la que los romanos sustituyen a Melkart. Los fenicios situaron en lo que hoy conocemos como Sancti Petri, anunciando la llegada a Gadir por mar, el templo de este Dios protector de la ciudad de Tiro que fue expandiendo su influencia allá adonde se expandieron sus colonizadores. Generalmente era denominado Baal (señor) Melkart y su nombre es una composición de palabras: Melek (rey) y Kart (ciudad).
Esta segunda pieza hace referencia a la identidad del establecimiento de Restaurante El Faro que alberga la obra y su labor de servicio durante los últimos sesenta años, situando en el centro de la trilogía la figura de un Faro, inspirado en el de Gades, cuyos grafitos se pueden encontrar en el Museo Arqueológico de Cádiz.
La noche propone una escena en la que el misterio de no saber qué será mañana es solventado por la llegada de un gigantesco Hércules, quien porta la luz, símbolo de esperanza y del apoyo de los Dioses, en un gesto unificador (así como fuera la unión de Mediterráneo y Atlántico) entre el pasado y la siguiente Era.
Los leones acompañan a Hércules en su misión, portando argollas en la boca, como símbolo del comercio, simbología presente en algunas fachadas y porticones de las fincas señoriales de Cádiz, como es el caso de la Casa de los Cinco Gremios, hoy sede del Rectorado de la UCA en la calle Ancha.
Al fondo el mar ha ganado terreno y se acerca a la Sierra de Grazalema, representada por el Torreón, el Salto del Cabrero y el Castillo de Aznalmara. En la parte inferior del cuadro podemos ver un conjunto de barcas que recuerdan a las de La Caleta y un islote en el que desembarca un grupo de personas que corren a agradecer con efusividad el paso del Dios que enciende el faro. Una niña corre portando una caña de la que flotan tres cometas, uno con forma de pulpo, otro de atún y el último de morena.
Por su relación con Hércules, otro personaje que no podía faltar en esta obra es Gerión, representado por el drago, árbol muy presente en los jardínes gaditanos y cuyo mito explica por qué su sabia es roja, como bien relata Javier Fornell en su Guía Mitológica de Cádiz.
Las luces del faro las plasmé esféricas y flotantes con la intención de aportar mayor carga simbólica, al mismo tiempo que situar el foco de atención en el centro de la sala. Del faro emergen halos lumínicos que descienden trazando estelas curvas con forma de infinito, convergiendo con nubes que juegan a convertirse en formas serpenteantes para enmarcar el carácter onírico de la obra.
3. Ball Hammon y los barcos
A plena luz del día, emerge como emerge Cádiz sobre el mar, Ball Hammon, Dios atmosférico responsable de la fertilidad de la vegetación, símbolo del poder creador y “padre de los vientosˮ en la mitología egipcia, Rey de los Dioses fenicios (identificado como Cronos por los griegos y por los romanos como Saturno).
Habiendo plasmado los dioses de la feminidad y la masculinidad, quedaba hacer un homenaje a los hijos de esta ciudad, a la Humanidad Gaditana, a través de una humilde pincelada por su Historia de la Navegación.
En los escalones de su sombrero con forma de capitel, habita una Cádiz simbólicamente representada a través de su vegetación en un futuro en que el que el árbol del Mora vive varios centenarios más, pues la idea de plasmar un futuro arquitectónico escapaba a mis capacidades, igual que no creo que un fenicio de Gadir hubiera imaginado nunca una ciudad rodeada de cruceros, coches y torres vigía.
Inspirado en un incensario cartaginés datado del siglo II a.C. que lo representa, quise darle tal envergadura a este elemento que de haber situado personas en él habrían resultado del tamaño de una hormiga. En algún momento se me ocurrió situar volando a la Nao Santa María y la idea acabó evolucionando en la imagen que se puede contemplar.
Las embarcaciones que aparecen van desde las primeras naves fenicias hasta los actuales cruceros de turistas que visitan a diario la ciudad. Nunca se habían cruzado hasta ahora. El reto era considerable y para abarcarlo, nunca mejor dicho, precisé de la ayuda de un pariente materno, José de Barrasa Jiménez, Capitán de la Marina Mercante, quien me habló con entusiasmo de barcos como los Alfonso XII, Valvanera o Marqués de Comillas, de la Compañía Trasatlántica, petroleros como el Amocco o el María Alejandra (que aparece ilustrado) o los de la compañía Transmediterránea como los Plus Ultra, Villa de Madrid, Ernesto Anastasio, Domine... (todos estos más antiguos) y los Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Ciudad de Compostela (posteriores) y los más modernos de carga y pasaje, como los Manuel Soto y J.J.Sister.
En mi afán por ser riguroso tuve sin embargo que escatimar esfuerzos, pues a nivel de detalle corríamos el riesgo de distanciarnos demasiado de las piezas anteriores. Con toda probabilidad habrá barcos importantes que de no aparecer podrían estar orbitando por los márgenes invisibles en el cuadro. Al menos no faltan algunos míticos, como el submarino Ictíneo, algún navío de la batalla de Trafalgar, como el Victory de Lord Nelson, un clíper de principios de siglo XX y los míticos Juan Sebastián Elcano y el Vaporcito del Puerto.
Me gusta destacar un velero inspirado en un boceto de Goya y el vapor Sol, que aparece a la derecha del rostro de Ball Hammon, ya que fue el barco en que navegó el Rey Fernando VII en su periplo de reclusión en Cádiz, información que obtuve gracias a la historiadora Lydia Pastrana y su tesis sobre “La Navegación a vapor en la Bahía de Cádiz durante el siglo XIXˮ.
Según las aportaciones de la arqueóloga e historiadora María Ángeles Navarro, ya había árboles antes que personas en este paraje, aunque fueran pequeños matorrales y arbustos como retama, esparto, jara, sabina... pero también acebuches, encinas y alcornoques. En este caso, he querido plasmar las especies tropicales de las que disfrutan los jardines de Cádiz en la actualidad y un guiño a los pinares que habitan en las proximidades de la Bahía, en el primer peldaño del sombrero.​​​​​​​
Y para quien se pregunte el porqué de sus orejas puntiagudas y sus pobladas cejas, fue con la intención de conferirle el aspecto del rostro de un sátiro, figura simbólica protectora de muchas casas de Cádiz, herencia de la presencia genovesa en esta ciudad en tiempos en los que el Reino de Castilla y el de Granada se disputaban la Península.
Finalmente, me atrevo a compartir la satisfacción que sentí al ver tantas embarcaciones en órbita impulsadas por las corrientes de aire (influencia subconsciente de Studio Ghibli), como entes que se reúnen en una dimensión paralela con una identidad propia, como si el mismo barco fuera un personaje representando a todos los tripulantes que un día llevó y éstos, a las familias que dejaban en tierra.
Fotografías de Manuel Esteves, Estudio Meco
Agradecimientos
Cuando recibí el encargo de esta trilogía corría junio de 2023. Pocos días después fallecía mi tío José Malines. Pasaron los meses hasta que empezaron las obras en el Baluarte de los Mártires y el mismo día que me citaba con Estudio EEBA para iniciar el trabajo fallecía mi abuela Juana González.
Dedico a ellos el esfuerzo depositado en esta obra y expreso mi más sentido agradecimiento a Estudio EEBA y a El Faro de Cádiz por aquella oportunidad y a la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz por expandirla a este espacio, donde se situara el Templo de Astarté. Deseo que estas tres ilustraciones sirvan para entretener y aportar algo nuevo a todos los observadores, con el máximo respeto por la Conciencia Colectiva de la que bebí para crearlas.
Gracias también a todos los que me ayudaron con su feedback y compañía: Lidón Costarrosa, Manu Ripoll, Sagar Forniés, Chano, Lydia Pastrana, Javier Fornell, Mari Ángeles Navarro, Núria Jutglar, José de Barrasa Jiménez, “Joseleteˮ Jiménez y todos los que contribuyeron a crear la bibliografía consultada y los grandes artistas que me inspiraron.
Y principalmente, gracias a ti, Cádiz por ser mi fuente de inspiración cada amanecer que salí a pasear sobre tus murallas durante la elaboración de dicho trabajo. Un privilegio.

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